domingo, 20 de marzo de 2016

"El Caracazo" como acontecimiento político


En la historia, como en la naturaleza la podredumbre es el laboratorio de la vida. K. Marx.
Ese “acontecimiento” se descubre claramente al observador externo de manera retroactiva, gracias a una mirada hacia atrás, hacía el origen, desde la perspectiva de estar habitando en otro mundo. E. Dussel.
1. Acto: a diferencia del 23 de Enero de 1958, y similar a la Rebelión Popular de 1814, «El Caracazo», 27 de Febrero de 1989, le exige a los sujetos una relación, esto es, una toma de postura ante el acontecimiento, en la medida que quiebra en dos la manera en que se relacionan los sujetos con la política; El Caracazo es inseparable del acto. El acontecimiento no es el acto mismo, es la apertura del espacio donde a futuro los sujetos deberán actuar, ya que dicho actuar es lo que hace al sujeto. La pasividad que había caracterizado a la política representativa «puntofijista» queda suspendida, comienza la etapa del acto, de la participación. En palabras de Enrique Dussel: «El “acontecimiento” será así un tipo de estructura dinámica no prevista en la que ciertos “sub-jetos” de alguna manera objetos funcionales del sistema, mero miembros pasivos) devendrán actores, en medio de la refriega que para los observadores pasivos es el caos mismo». [1]
2. Subjetivación: el acto es el supuesto de la política democrática. Incapaces de delegar en una representación la subjetivación, es decir, las maneras en que se relacionan los sujetos con el acontecimiento, las partes de la comunidad política están exigidas a participar del común. De allí que El Caracazo parta en dos la vida política nacional instalando una lógica democrática, donde existe una absoluta apertura para discutir las formas de hacer, decir y sentir en común. En lo sucesivo la lógica política será democrática o no será. La política entendida como el aparecer de un sujeto social que instala el litigio, se debatirá con una política antidemocrática que busca expulsar a lo otro, cual cuerpo extraño que ha puesto en suspenso el normal desenvolvimiento de la sociedad.
3. Litigio: el 27 de Febrero es la apertura de un hueco entre los sueños idílicos de conciliación en los que las coordenadas simbólicas del dominante mantenían a los dominados. Es el anuncio de la parte sin parte [2] de que en adelante se ha roto la hegemonía, y la comunidad transitará por un largo litigio, donde los que siempre fueron considerados como ruido ahora poseen voz, y más allá, serán capaces en lo sucesivo de enunciar títulos para gobernar.
4. Negatividad: el acontecimiento suele ser estrictamente el aparecer de la negatividad. La parte forcluida de la comunidad política no sabe adónde va, pero sabe que la dignidad de la vida llama a romper con el dominio, abriendo el espacio por donde empezará a transitar lo indeterminado. El acontecimiento cuando es tal no es en primera instancia afirmativo, es tan solo la fuerza que permite la apertura por donde transitará el cambio de la vida. En su aparecer fenomenológico se convierte en una mixtura dialéctica de violencia y alienación; vitrinas rotas para acceder al consumo capitalista que el propio sistema era incapaz de proporcionar. La tentación a considerar al acontecimiento como la «toma del cielo por asalto», nos lleva a desmeritar cuando la ruptura se muestra contradictoria. En palabras de Brecht «sólo está vivo lo que está lleno de contradicciones».
5. Violencia: para las derechas (por muy liberal que se piensen a sí mismas, o al evitar pensarse debido al miedo de parecerse mucho a un fascismo «sifrino») el acontecimiento representa el aparecer de lo siempre forcluido, es decir, expulsado de su universo simbólico constitutivo. En tanto que «acontecimiento» significa siempre el retorno de lo forcluido, es la manera de la violencia por excelencia: cuando los que siempre estuvieron dentro de la comunidad pero no bajo la forma de una presencia, aparecen para denunciar a la sociedad en nombre de un daño al que llaman injusticia. Es en ese momento donde se desvanecen las coordenadas simbólicas del dominio, según las cuales unos –aquellos que arguyen como título para gobernar la riqueza o el saber– están destinados casi «divinamente» a gobernar y otros –los cualquiera– a obedecer. A partir de ese instante acontecimental no existe la política de la representación. Súbitamente, una parte de la comunidad que nunca ha tenido parte de la riqueza, se reconocen como iguales, y denuncia a la representación. Siempre será violento el aparecer de lo que nunca fue visto.
6. Lo reprimido a escena: el 27 de Febrero de 1989 en tanto que acontecimiento-verdad representó el retorno de lo reprimido. La apertura que causó en la política venezolana traía consigo la fuerza de aquellas rebeliones históricas, desde la Rebelión Popular de 1814 hasta el 23 de enero de 1958. Aquello que se encuentra reprimido, y que el acontecimiento coloca de nueva cuenta ante la apertura del futuro, son las distintas tradiciones de lucha que se han opuesto a la apariencia objetiva sintetizada. La apertura acontecimental permite que esos fracasos colectivos del pasado, esos ensayos infructuosos, rediman su potencialidad, a saber, que pongan aprueba en el futuro su capacidad para ejercer alguna forma de emancipación. A partir del Caracazo Venezuela entra en conflicto por la reescritura de su propia historia y la dialéctica pasado-futuro se sintetiza en un tiempo estocástico donde el litigio nos recuerda que tenemos un pasado en común signado por la violencia, la desposesión, la decepción y el fracaso.
7. Sujetos oscuros: no hay mejor confirmación de que estamos ante un hecho que ha quebrado la vida en dos que la presencia de los sujetos que se relacionan con el acontecimiento negando su existencia. Las maneras en las que usualmente se expresan es colocando el «quiebre» en otro lugar, o de manera más simplista negándose a valorar lo ocurrido como si el acontecimiento no mereciera en sí mismo la expresión de algún juicio axiológico. Quizá sea la tesis según la cual el devenir del Caracazo en Revolución Bolivariana solo ha sido un matiz dentro de una continuidad estructural del capitalismo rentístico, la enunciación más sofisticada de la subjetividad oscura.
8. Sujetos reactivos: son aquellos que se relacionan con el acontecimiento negando su potencial para el cambio de la vida; abogan por la vuelta al estado de normalidad, argumentando que es la mejor forma de vida posible, y que la Revolución siempre culmina con la restauración, donde los rebeldes piden perdón a sus amos. Básicamente la subjetividad de derecha tras El Caracazo se ha movido por un limitado segmento de discursos reactivos. Las diferenciaciones en las posturas reactivas es de matices y radica en una pluralidad de apegos a posiciones racistas, antidemocráticas, elitistas y (¿cómo no?) coloniales respaldadas por el Gran Otro euroccidental. Su quid: El Caracazo es un hecho no-político.
9. Sujetos fieles: el anuncio de que hay muchos mundos recluidos represivamente en el mundo del capital, es el devenir lógica de mundo del sujeto que fue fiel al acontecimiento. Del sujeto que sintió en la política de los iguales, con sus promesas, fracasos y su eterno volver al inicio, una forma de la vida ajena a la fetichización-reificación de la mercancía. Lo comunal como lógica de vida, como autogobierno de los iguales, ha sido quizá la expresión más acabada de este mundo de vida que se pelea por existir.
10. Política constituyente: para las derechas, cuyos mapas cognitivos de lo político, se cierran sobre los administrados mecanismos institucionales de resolución de conflictos, que en cualquier caso nunca han considerado con voz en la comunidad política a aquellos sujetos que ocupan un lugar en la sociedad que los hace encarnar un conflicto, es impensable que sea político el aparecer violento de una parte de la comunidad forcluida como condición de posibilidad para fundar un pacto de conciliación de elites (J.C Rey dixit). En otras palabras, para las derechas no puede haber política donde no hay sujetos con voz, tan solo hay ruido. A su consideración es «sacrilegio» una política constituyente, cuya esencia es ser incapaz de asimilarse a la política institucional y representativa.
11. Teoría: para la izquierda el desfase con respecto al Caracazo radicó en la incapacidad de entender que la ruptura es política, más allá de que en primera instancia no se muestre como tal, y que por tanto el acontecimiento produce a posteriori la subjetividad que lo vehiculizará. Hecho que significó no entender la complejidad de aquello llamado subjetivación, a saber, que el sujeto es la toma de postura ante el acontecimiento, y no la forma en que los sujetos utilizan las «condiciones objetivas» en procura de una Revolución. Lección: volver, siempre a la teoría, que es allí donde se cocinan las formas de la praxis.
12. Deseo y reconocimiento: si el pacto de punto fijo fue la época de la política institucionalizada, representativa y por consiguiente antidemocrática, El Caracazo es su antítesis. Con él nace una política de nueva índole, sintetizada en la materialidad de la sociedad. Su asidero es el estómago que cruje, el deseo, el trauma, la fuerza libidinal. Deseo y reconocimiento se instalaron como su leitmotiv. No es de ninguna forma una vergüenza, confrontando radicalmente con la moral colonial-burguesa, que el Caracazo se encontrara guiado por el Principio del placer: el padecimiento social obligaba a los sujetos a romper con la continuidad de una sociedad que invitaba al neoliberalismo espiritual [3], mientras que al mismo tiempo obraba hacia la desposesión, la marginación y la pobreza. Lo crucial que hay que señalar es que a la luz de lo ocurrido, El Caracazo fue el momento donde el principio del placer sede al Principio de realidad, que al decir de Freud «tiene igualmente como fin el placer; pero un placer que, si bien diferido y atenuado, presenta la ventaja de ofrecer la certidumbre que le procuran el contacto con la realidad y la adaptación a sus exigencias» [4].
13. Igualdad: la denuncia social que resurge en el Caracazo no se mueve bajo la lógica aritmética según la cual una parte de la sociedad no repartió la riqueza suficientemente. Antes al contrario, su lógica es geométrica y precede a la repartición de la riqueza. En ella se alerta: es necesario contar de nuevo la manera en que los esfuerzos contribuyen al común. Aquí reside la semilla que devino en los intentos por formar una comunidad de iguales. El Golpe de Estado de abril de 2002 y los intentos de una parte del movimiento bolivariano inicial por imponer como programa un revisionismo socialdemócrata y su posterior derrota, significaron que el movimiento eligió por la igualdad geométrica en lugar del concilio aritmético.
14. Proceso: a las efectuaciones del Caracazo en tanto que acontecimiento se le imbrica dialécticamente un largo proceso de transformaciones estructurales en los que la sociedad venezolana había transitado una crisis sin precedentes en su forma de inserción en el mercado mundial. El Viernes Negro (18 de Febrero de 1983) es la fecha límite que indica este quiebre. Resumidamente, esta crisis se origina en el exceso de liquidez de origen externo (boom de 1973) durante el primer Gobierno de Carlos Andrés Pérez (1974-1979) y se profundiza con la devaluación del tipo de cambio durante el Viernes Negro, que acaba con el imaginario desarrollista que había dominado el Siglo XX venezolano. De lo que se trataba es del fracaso del modelo de sustitución de importaciones y los primeros pasos hacía un capitalismo especulativo abierto al despojo foráneo vía fuga de capitales y pago de la deuda, cuya raíz es la ausencia total de inversión (privada), datos que caracterizaran el periodo que trascurre desde 1974 hasta el presente. La política transitará bajo este proceso de crisis teniendo como telón de fondo a lo económico, por ello las profundas implicaciones de lo social en lo político.
15. Hipótesis: ¿es El Caracazo un acontecimiento global en la medida que significó cerrar la puerta al pasado en el que dominaba la geocultura liberal y la entrada en un periodo anti-neoliberal a nivel regional?
16. Replicación: cuando decimos acontecimiento fundacional, nos referimos a la capacidad del Caracazo a la hora de realizar una hendidura en la política venezolana, a partir de la cual, la sociedad ha ido transitado hacia otros acontecimientos, en cuyo caso se han repetido las viejas situaciones y han aparecido una nueva constelación de efectuaciones. El Caracazo son sus repliques: 4 de Febrero de 1992 y 13 de Abril de 2002 son sus primeros parajes. El paisaje sigue abierto…
17. Verdad: la condición de verdad de un acto se determina por su capacidad para sustraerse de garantías externas y aceptar sin reparos la ausencia del Gran Otro. La Revolución Bolivariana se juega su propia verdad cuando intenta crear algo nuevo en lo económico: una nueva manera de producir, distribuir y consumir. ¿Se ha abierto una apertura en el orden del ser, en la positividad del mundo del capital? No, hoy las cosas parecen advertir una postura burocrática que procura deshacer el acontecimiento, y busca constantemente recluirse en la situación que procura el enemigo como motivo del fracaso. La lección: no hay acontecimiento político sin Revolución económica.

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