Por Carlos M. Rodríguez C.
Una
de las características fundamentales del pensamiento revolucionario lo
constituye en análisis histórico de la evolución de la humanidad, la cual tiene
un movimiento dialéctico, es decir, es producto de las contradicciones las
cuales se manifiestan durante el proceso de desarrollo de toda cosa, y el movimiento
de ese proceso está determinado por los contrarios que se presentan en desde su
nacimiento en cada realidad.
Para
aprehender, aplicar correctamente esta premisa es necesario añadir que el
análisis dialéctico procede de lo general a lo particular, para luego ir de lo
particular a lo general, partiendo de la
totalidad como “visión universal de las determinaciones internas en la
investigación, develando sus interrelaciones y a partir de ahí, establecer los
elementos relacionantes con la realidad en forma dinámica”. Esto implica que el
investigador, el político que aplica el método debe tener una visión
revolucionaria a través de la cual devele las reales contradicciones y las
reales interrelaciones en el proceso.
Es
fundamental, igualmente, tener una visión de clase, no sólo como clase en sí,
sino clase para sí, es decir, clase con conciencia revolucionaria
verdaderamente, Es clase “para sí”
porque toma posición de su clase, toma para él su condición de clase y se
plantea tareas más allá de sus reivindicaciones gremiales y es capaz no solo de
unir a los obreros sino a otros sectores de la sociedad en búsqueda de lograr
una mejor sociedad que amplíe la apropiación y distribución no solo de la
plusvalía, sino del poder político. De ahí que la “clase para sí” podríamos
definirla como la conciencia de clase revolucionaria, transformadora, radical.
Es
importante destacar esto porque nos conseguimos con “marxistas pseudocríticos” “marxistas
academicistas”, “marxistas de cafetín”,
“marxistas light” que su
desvinculación con el mundo real, con el campo de batalla en donde se
enfrentan los proletarios con la
burguesía, con la lucha de clases, nos hacen “análisis teóricos” con muy
exquisito léxico y “profundidad” en sus escritos, pero descontextualizados de
la realidad social, alejados de las contradicciones de clase, preñados de
categorías de débil consistencia, y por supuesto, desembocan en simples
“ensayos académicos”, “panfletos inocuos”, “cháchara estéril”
Hay
otros que no producen nada, no son capaces de tener una posición propia, sólo
se dedican a repetir sin analizar, ni siquiera entender lo que afirman. Pero
viven de su “posición” en el ambiente académico universitario, o “ufanándose”
con sus títulos de inútil valor para la revolución.
Hay
otros que ni siquiera han tenido en sus manos, o han leído 4 páginas de algún
texto revolucionario bien sea de teóricos
como lo son Marx, Engels, o de revolucionarios de combate como “El Che”,
Lenín, Chávez, pero opinan, parlotean como si fuesen la encarnación de Sandino,
Villa, Mao.
Por
supuesto, de “revolucionarios” de este talante no puede salir nada que valga la
pena, y la muestra es que “muchos de ellos” han adoptado posiciones claramente
de derecha al apoyar a los partidos de la MUD, solidarizarse solapadamente con
los “terroristas” e invocar a los derechos humanos cuando los sistemas de
seguridad ciudadana disuelven guarimbas, detienen terroristas, defienden a los
ciudadanos de la violencia de los “pacíficos” opositores del “régimen”.
Y,
tratando de aparentar una “ecuanimidad política” en sus posturas, intentando
descontaminarse de los “obcecados“ dirigentes de la oposición apátrida al tratar
de sostener una postura “propia” y
venderla como “realmente revolucionaria” y defensora del legado de Chávez y de
la C.R.B.V. con el argumento que el gobierno nacional está “atentando contra
los principios democráticos de la participación ciudadana”
Pretenden
con su ambigüedad mantenerse “impolutos” cuando todo el mundo conoce sus
prontuarios, sus “omisiones”, “errores” en los cargos que ocuparon y toda la
bulla que hacen en para tratar de hacer ver al pueblo chavista que ellos son
los “elegidos” los “bendecidos” ignorando que en los momentos actuales no se
puede uno presentar como si no fuera “ni chicha ni limonada”, ya que a las
alturas en que está el juego, o se es
revolucionario o se es contra revolucionario, así suene “tremendista”,
“fanático”, “extremista”.
Es
posible que haya sectores de la sociedad venezolana a los cuales no les
interese la política, ni el futuro de nuestro país, ni de sus hijos y nietos, y
estén cansados del debate político. Pero eso no hace desaparecer las
contradicciones sociales e históricas. Alguien que opine por los medios de
información, presumiendo ser revolucionario, no puede apoyar la violencia
opositora, las amenazas del imperio contra nuestro país, la destrucción del
patrimonio nacional, los asesinatos, linchamientos, quema de personas,
trancazos, guarimbas, ataques a hospitales, CDI y otras barbaridades ocurridas
con la venia y el financiamiento de las organizaciones internacionales
dirigidas por los E.U.
En
consecuencia, el dicho popular “ni la gripe, ni la riqueza, ni la tos pueden
ocultarse” vale para este análisis, agregando: ni el “escualidismo” ni el
fascismo. Y podemos concluir diciendo: “El
que tenga ojos que vea” y el pueblo es sabio, ya lo demostró el 16 y la
historia no perdona, ni a los traidores ni a los oportunistas. Y apoyándome en
el pensamiento de Lenín, anunciaré “Es
imposible predecir el momento y progreso de la revolución. Esta gobernado por
sus propias guerras misteriosas”.
Hasta
la victoria siempre. Venceremos
carrodcas@gmail.com
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