Rafael Rodríguez Olmos
Siempre he sido un convencido de
que la única forma de hacer buenos ciudadanos es en la escuela.
Reza un viejo dicho venezolano
“Loro viejo no aprende a hablar”. Porque después de que ese niño es un hombre,
para cambiarle sus conductas, sus mañas y su forma de ser, no queda otra salida
que la represión; pero como también reza otro refrán “la cabra siempre tira
pa´l monte”.
Durante las gratas conversaciones
que alguna vez tuve con mi amigo, colega y compañero de clases, William Lara,
durante el interesantísimo proceso de la Asamblea Nacional Constituyente de
1999, le hacía hincapié en dos temas fundamentales: uno, el diseño, la creación
y la aplicación inmediata de una Escuela de Formación Política y Administración
Pública, cuya consecuencia inmediata sería la depuración de una burocracia
estatal. En un proceso de cinco años, solo los que pasen por esa escuela de
formación política puede optar a ser funcionarios del Estado.
El otro tema se refería a la
escuela. Cómo hacer que esa escuela que tenemos ahora, que no sirve para nada
sino para reproducir los vicios del capitalismo, iniciara un proceso de
transformación estructural a fin de que esos niños al final de sus estudios
tuvieran una conciencia real de qué era su país, qué eran ellos y para qué
servían. Ya vemos que nada de eso ocurrió. Y por cierto que los niños que
estaban en la escuela en ese momento, y tenían cinco años, ahora tienen 24. Son
los que ponen guayas para degollar gente, incendian personas o se van del país.
Es una angustia que me ha
perseguido siempre. El centro de la atención debe estar en el niño. Saldrán
malos algunos, pero la mayoría será muy buena. Y la atención no solo es un
problema social, que incluso ejecute al director hampón que negocio los
alimentos de la escuela, sino profundamente estructural cuyo contenido
académico se parezca al país, pero viendo hacia el mundo. Si ese niño no conoce
historia -y no la conoce- porqué suponemos que deba creer en lo que hace. Si a
ese niño no le enseñan sus raíces culturales, no puede aspirar otra cosa que no
sea los valores culturales que le enseñan los medios de comunicación. Si ese
niño no tiene héroes -todo niño tiene héroe- pues sus héroes serán los que les
indiquen los medios de comunicación y el maestro, tan alienado como él, porque
que raya escuchar música venezolana o ser un artista.
Dicen los números que el 75% de
la población venezolana tiene de 35 años para abajo. Es decir, los viejos
recién comenzamos a aparecer en las estadísticas. Por ello, tratando de ver por
dónde iba mi preocupación, y a propósito de que cada vez veo más mediocridad en
la población, me contacté con un grupo de amigos-colegas en todo el país,
realmente solo diez estados. Les dije que empíricamente solo quería que les
hicieran una pregunta a personas de 17 a 50 años. ¿Si te pidieran que hablaras de un personaje que admiras, de quién
hablarías y por qué?
La muestra duró dos semanas y mis
amigos, gentilmente dedicaron muchas horas a este menester. Les impresionó
tanto la respuesta que estaban empeñados en que ampliáramos más la encuesta.
Pero en verdad, sin recursos es imposible hacer nada. Al final, lograron
entrevistar a 887 personas entre 17 y 50 años. Escogí 17 años porque es el
punto de partida de la conciencia y 50 años porque es una persona no solo
activamente laboral, sino intelectualmente madura para tener conciencia real de
las cosas que dice. Usted amigo registre bien la pregunta: “un personaje que admiras”.
Reconozco que las respuestas casi
me hicieron llorar y es la razón real de porqué el país se desintegra sin que
nos estemos dando cuenta. Solo un hombre de 51 años dijo que para él ese
personaje era Simón Díaz. Mi amiga me aclaró que tuvo que dejarlo solo casi de
inmediato, porque se despepitó a decir barbaridades en contra del proceso, que
debían matar a Maduro y etcétera y etcétera. Cabe aclarar que ese hombre tenía
30 cuando este proceso comenzó.
Un joven de 21 años, dijo que esa
persona era Miguel Cabrera.
El resto de los entrevistados, es
decir, 885 personas admiraban a Jenifer Aniston, Adam Sandler, Willy Smith,
Britney Spear, Jackie Han, Amy Winehouse, Grace Vanderwaal, Katy Perry, Selena
Gómez, Justin Beaber, Taylor Swift, Kate Moss, Adele, Winston Churchill,
Freddie Mercury y Donald Trump, la guinda del helado.
Es decir, no hay ni un solo
personaje histórico mencionado, pero ni siquiera un latinoamericano, ni de otra
parte del mundo que no sea Estados Unidos o Inglaterra.
Cuatro de los encuestados que
tenían 17 y 18 años, respondieron que Grace Vanderwaal. ¿Quién carajo es Grace
Vanderwaal? Pregunté. Resulta ser una niña de 13 años de Kansas que canta y que
ya tiene hipnotizados a estos niños y a cientos de miles de niños en el mundo
entero. Mi amiga, sorprendida igual que yo cuando le pregunté, me dijo que con
la garganta arrugada: “sabes que es lo peor Rafa, que cuando le pregunte a una
de esas encuestadas, que tenía 17, quién era Hugo Chávez, me respondió que a
ella le habían dicho que era un asesino”.
No sé si los sesudos genios del
Ministerio de Educación, necesitan más elementos de estos para entender que la
educación está en crisis, pero no hay duda de que estamos mal.
Creo que el mejor tratado de
educación, por lo menos que yo conozca, se escribió en Venezuela. Se llama Plan
Maestro Nacional Simón Bolívar, con el que se limpiaron el c… los políticos.
Pero en ese texto -o serie de textos- maravilloso, están todos los contenidos,
formas y procesos para llevar a un niño, integrado a su comunidad, desde la
infancia hasta su edad productiva. Allí está el marxismo-leninimos plasmado en toda
su esencia.
En el Golpe de Timón Chávez se
refirió al tema. Y fue mejor definido aún en el Plan de la Patria. Pero ya
sabemos que Chávez es cada vez más, menos.
Creo que aún no se entiende que el
imperialismo cultural es mucho más poderoso que la fuerza de las armas. Los
gringos lo aprendieron bien después de Vietnam y usan la fuerza para propósitos
concretos. Pero el poder de la televisión, no tiene parangón en los registros
de la humanidad, más ahora que les aplican todas las teorías de la comunicación
Lo primero que me pregunté es qué
pasa con un muchacho de 20 años que vive en un barrio cuyo personaje más
admirado es Willy Smith. Cómo serán sus hijos. Qué tipo de hogar tendrá y cómo
conducirá a su familia si admira a un personaje cuyo único hijo es gay, la hija
lesbiana y la esposa bisexual, a decir de la farándula. También me pregunté si
ese muchacho sabe quién fue Fernández Morán o Jacinto Convit, o Luis Beltrán
Prieto Figueroa. Sabrá ese muchacho que un aborigen de la etnia curripaco
estuvo a punto de ser Premio Nobel de Química hasta que un grupo de cabezas
rapada lo mataron a golpes en una plaza de Alemania. Le habrán informado
cuántos venezolanos hay en la Academia real de la Lengua.
Valdría la pena haberle
preguntado al admirador de Simón Díaz y enemigo del proceso, si conoció u oyó
al Quinteto Contrapunto, génesis de la música a capella y parámetro del mundo del
canto.
En realidad, se me genera una
mezcla de risa y arrechera cuando oigo a nuestros líderes hablar de la
revolución. ¿Van a seguir con eso? Están diciendo mentiras y se están diciendo
mentiras. Deberían ir pa´l diccionario para que entiendan que revolución, viene
de revolucionar, es decir, transformar. Acabar para comenzar a construir, o
aplicar un término muy de moda: deconstruir.
Y yo no ve eso por ningún lado.
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