Rafael
Rodríguez Olmos
Para cuando este artículo vea la luz, los estudiantes de
educación media estarán comenzando clases en el más terrible de los traumas que
toda persona puede tener: encontrar un transporte para llegar a su destino.
Voy a narrar los hechos de Carabobo, porque los vivo todos
los días. Pero sé que, en al menos en doce estados del país, la situación es
exactamente igual. Y de una vez especulo que en todo el país
.
El transporte es uno de los sectores más estratégicos de la
nación. Quien controla el transporte, desde el punto de vista político, tiene
un poder que es de temer. En realidad, durante la Cuarta, los adecos
-conscientes de esto- manejaban todo el sector transporte. No solo el
colectivo, sino también comercial y el de carga pesada.
La primera contradicción se presenta cuando el transporte es
público, pero está en manos privadas. Los países más modernos del mundo, bajo
ningún concepto aceptan que el transporte esté en manos privadas. En algunos
casos hay acuerdos muy específicos de operatividad. Pero generalmente, es el
Estado o los municipios, los propietarios del transporte público. Esta es una
incongruencia que nunca han podido resolver las mafias del chavismo que se
fueron por el camino equivocado. Y ciertamente, en el caso de Venezuela, el
transporte depende casi de forma exclusiva de la importación para mantener las
unidades operativas.
Pero el otro problema es que el transporte ¿público? Es una
especie de anomia, en donde cada quien hace lo que le da gana. Entre otras
razones porque ni el Estado (Ministerio de Transporte) ni los municipios,
tienen una respuesta a ese gravísimo problema. Si pudiéramos calificarlo de
alguna forma, no hay ninguna otra manera que no sea UNA MIERDA.
A ver. Por un lado, están los transportistas que no tienen
cauchos y uno solo vale cinco millones fuertes; no hay aceite para motor y lo
compran bachaqueado a 140 mil el litro -a pesar de que el gobierno tiene una
fábrica de lubricantes- y cualquier repuesto de esos vehículos vale de 500 mil
en adelante, el más barato por supuesto. Con decir que una bujía llegó a 80
mil.
Esto generó una especie de complicidad entre transportistas y
autoridades, porque ninguna norma se hace cumplir. Entonces, podemos ver a
busetas con 60 pasajeros que casi van dando vueltas con el caucho, con cauchos
de camionetas pick-up, o jeep, e inclusive carros grandes. Por cierto, la
semana pasada se incendió una en la avenida Aranzázu con varios heridos.
Por otra parte, el gobierno creo una cooperativa que se
encargara de la importación de las necesidades esenciales del transporte. Esa
cooperativa siempre funcionó mal, porque ya sabemos que siempre hubo mucha
corrupción, sumado ahora a que ya no funciona, o funciona para los amigos de
los amigos.
Y por añadidura, tratando de abordar el problema del
transporte, el gobierno también creo Transcarabobo, que en sus inicios fue un
dechado de eficiencia y funcionamiento. Hoy en día más de la mitad de los
autobuses de Transcarabobo no funcionan, además de tener tres cementerios de
los rojitos en Puerto Cabello, Guacara y Los Guayos.
Sigamos. Entre todas las líneas de transporte de la Gran
Valencia, hay tres mil unidades, de las cuales funcionan menos de 600. Trate
usted lector de imaginar cómo una de las cinco ciudades más importantes del
país, que tiene un millón de habitantes, puede funcionar con 600 busetas. Allí
se genera la otra parte de la crisis: camiones de estacas que a las 5pm pasan
por las paradas repletas de personas. Ese pasajero, si quiere llegar a su casa,
debe pagar mil bolos, por ir parado en la batea de un camión, y en el caso de
las damas, permitiendo toda clase de manoseo producto del caos. Es esa persona
que llega a su casa a las 8 0 9 de la noche, agotada, con dolor de cabeza, con
ganas de bañarse, con hambre, pero que desde ese momento comienza a preparar su
jornal del día siguiente: levantarse a las 4am, bañarse, vestirse y salir
corriendo con la vianda y la cartera en la mano, para, en el mejor de los
casos, agarrar una buseta, parada y apretujada a las 5:30am, hasta llegar a su
trabajo.
Los choferes, por su parte, hacen lo que les da la gana. Los
colectores -ahora son dos- no permiten subir a esa hora de la mañana, “ni a
viejos, ni a estudiantes, y pago por adelantado”, porque ocho cuadras más
adelante, bajan a todo el mundo y se regresan a buscar más pasajeros.
Hoy lunes 2 de octubre, el caos será mayor porque educación
media se incorpora a clases, es decir, unos tres millones en todo el país, más
de 200 mil en Carabobo. Con el agravante de que no solo no se van a poder
montar en una de las 600 busetas, sino que deberán pagar más porque así lo
decidieron las líneas, que por cierto ya anunciaron que cobrarán mil bolívares
en diciembre.
La otra parte del transporte colectivo, es el metro de
Valencia, que sin duda es una gran solución. Con el agravante de que solo tiene
dos vagones y se tardan hasta media hora en llegar a la parada inicial. Eso,
obviamente genera un caos, porque las estaciones se van llenando. Es decir,
que, en solos dos vagones, casi siempre -y casi siempre es a toda hora- hay más
del doble de los pasajeros que debería llevar. Sumado a que apareció la
delincuencia en el subterráneo.
Conocí la experiencia de Curitiba, capital del estado de
Paraná en Brasil. Una ciudad de casi dos millones de habitantes cuya crisis de
transporte colectiva era proverbial. Sus autoridades resolvieron el problema
con una gran dosis de astucia, inteligencia, acuerdos y disposición. Eso sí,
quienes estuvieron al frente de esa embestida reformadora, era gente que sabía
del tema, no había ni empíricos, ni falsos profetas, ni prometedores de nada.
Solo gente que sabía lo que había que hacerse con el problema del transporte en
esa ciudad.
En verdad que aún no sé cómo un montón de gente desesperada
no le ha pegado fuego a una de esas busetas a las 6 de la mañana, en respuesta
al trato de los conductores. Vaya usted lector, a las 5:30am y 4:30 pm a las
avenidas Aranzázu, Sesquicentenaria, Henry Ford, Firestone, Las Palmas,
Tocuyito, Las Ferias, Cedeño, Lara, Bolívar, todo Naguanagua y pare de contar,
y entenderá por qué el transporte es un problema no solo crítico, sino del
tamaño del país, al que se le debe buscar una respuesta rápida. Antes de
exploten los ánimos.
Caminito de hormigas…
Alguien me puede explicar cómo es que les dieron a los camaradas del
comando de campaña de Lacava comida en mal estado, lo que generó la
hospitalización de varios de ellos. Quién autorizó que se les diera aún a
sabiendas de que no era comestible… El Hotel Tacarigua, antiguo
intercontinental Valencia, es un dechado de belleza y majestuosidad, pero,
además, es propiedad del Estado venezolano. Porqué entonces, reuniones,
encuentros, foros y todo lo que tenga que ver con hechos oficiales se hacen en
el Hesperia. ¿Cuánto cuesta eso? Pero, además, para que se aparezca un gerente
y les diga a niños y orientadores que iban para un acto, que se quitaran las
franelas de la revolución “porque en este hotel no se alojan chavistas”. Así
dijo el directivo. Como dicen donde nací: “que desgracia de pueblo cuando el
cura es loco”
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